
Proyecto integral · Anapoima, Cundinamarca · 2025
Casa de campo en Anapoima
Una casa de descanso a hora y media de Bogotá, resuelta de cero: distribución, materiales, muebles a medida e iluminación. El encargo era claro y difícil a la vez — que se sintiera fresca sin aire acondicionado y que aguantara veinte personas un fin de semana largo.
La casa mira al valle desde una ladera, y esa vista mandaba. Todo lo que va contra la fachada abierta se mantuvo bajo: el sofá modular, la mesa de centro, la baranda. Nada que compita con las montañas.
Trabajamos con tres materiales y punto: travertino en pisos y mesones, teca en los muebles, y caña en los cielos. La repetición es lo que hace que la casa se sienta calmada. Cuando el material se repite, el ojo deja de trabajar.
El cielo raso de caña de la zona social no es solo decorativo: rompe el calor que baja de la cubierta y le da una textura tibia a la luz de la tarde. Debajo pusimos un banco corrido en obra, tapizado en tela outdoor, que resuelve doce puestos sin llenar la terraza de muebles sueltos.
La iluminación se diseñó toda en luz cálida indirecta — cornisas, apliques bañando muro y lámparas colgantes tejidas. No hay un solo bombillo a la vista. De noche, la casa se lee por las superficies que ilumina, no por los puntos de luz.
El baño social fue nuestro capricho: un lavamanos tallado en una sola pieza de travertino, un jardín interior iluminado desde el piso, y una lámpara de fique con flecos que hicimos con artesanas de la región. Es el espacio del que más nos escriben.







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